jueves, 3 de enero de 2013

A mi hermana Prese.

Hoy evoco y recuerdo con amor
las vivencias que tengo de mi infancia,
los momentos vividos de mayor
añorados y soñados con nostalgia.

Me veo sentado en un portal
esperando impaciente la llamada
de alguien asomado a un ventanal
anunciando el nacimiento de mi hermana.

Recuerdo una carita angelical,
risueña, morena, redondeada,
con el pelo rizado artificial
que las manos de mi madre acariciaba.

Pasa el tiempo, somos tres,
le enseñan las labores de la casa,
ya que ella es la única mujer
y los hombres solo estudian o trabajan.

Una frase está grabada en mi interior
por la boca de mi abuela pronunciada:
“Tratad a vuestra hermana con amor,
del fuego os sacará cien mil castañas”.

Las veladas con la tele, en el sofá,
con miradas furtivas y excitantes,
con la risa contenida hasta explotar,
son momentos y recuerdos imborrables.

La historia de la vida, sin cesar,
va dejando sus estampas y visiones,
imposible o muy difícil de expresar,
pues son muchos sentimientos y emociones.

De repente en el seno de mi hogar,
surge un nombre cariñoso, entrañable,
que repiten mis retoños sin parar,
y por Tata, te llamamos al nombrarte.

Con mis versos solo quiero reflejar,
el cariño y el amor que por ti siento,
poco ducho con mi boca a proclamar
y que está grabado a fuego aquí en mi pecho.




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