Luminosa amanece la mañana
si despierto y te rozo con mi mano,
si mi pecho, tan cálido y cercano,
te acurruca sintiendo que lo llamas.
Pajarillos trinando entre las ramas
me recuerda el susurro de tus labios,
cuando escucho que me dices muy despacio
que me quieres, que me adoras, que me amas.
Navegando sobre olas danzarinas
me transportan las caricias de tus dedos,
situándome en el reino de los cielos
entre sones de melosas mandolinas.
Suspendido sin aire entre las nubes,
me despierto rendido y sin aliento,
empapado de agradables sentimientos
que en el mar de tu cuerpo se producen.
Cuando el sol atraviesa la ventana,
de sus rayos dorados me alimento,
mientras miro los tenues movimientos
de tu pecho meciéndose en mi cama.