Cuenta la historia que un día
un galán y su princesa,
de pena de amor morian
pero a nadie lo confiesan.
La princesa muy dispuesta
sus señales prodigaba
con sus holas, sus propuestas,
al galán lo provocaba.
Desde lejos la veía,
ya más cerca la observaba,
a decir no se atrevía,
timidez que le embargaba.
Pasaban raudos los días,
más veloces madrugadas,
la princesa se aburría,
el galán no la buscaba.
Una estrella cayó un día
como hache disfrazada
que aunque muda ella tenía
un mensaje en su cayada.
El galán pronto acudió
respondiendo a la llamada
que Cupido les dejó
en la hache camuflada.
Desde entonces la pasión,
el amor, las ensoñadas,
los inundan con fruición,
alimentan sus mañanas
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