Mi voz te invoca, te llama,
a gritos te va buscando,
resonando te proclama,
insistiendo, repicando,
a cada paso te aclama.
Al acabar la jornada
mi voz musita en silencio
prendida en la madrugada:
A buscarte iré, sentencio,
refulgente cuál espada,
olorosa como incienso.
Gozoso sueño contigo,
la noche por aliada,
oteando los caminos,
recorriendo la montaña,
inventándome el destino,
acunándome en tu alma.
Radiante, alegre, contento,
así despierto en tu cama,
querido por ser tu sueño,
ungido por tu mirada,
embriagado por completo,
la ternura como aliada.
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