miércoles, 29 de enero de 2014

Asomado a la ventana.

Asomado a la ventana,
con premura y ligereza,
vi pasar a una princesa
con su piel de porcelana.

Con dulzura y alegría
a los nobles saludaba,
por su gente preguntaba,
mil sonrisas repartía.

Deseada por los hombres,
por la mujer envidiada,
es por todos admirada,
en sus brazos los acoge.

Absorto la contemplaba,
a todo el mundo atendía
derrochando simpatía
por donde quiera pasaba.

A diario, de mañana,
al pasar no me veía, 
pues con tanta algarabía
ella en mi no reparaba.

Al fin fue llegado el día
en que la dulce princesa,
confirmando su promesa,
diligente me atendía.

¡Que placer! ¡Cuánto alborozo!
Sus palabras me embriagaban,
me calmaban, me saciaban,
no cabía en mi de gozo.

Desde entonces buen vasallo,
paladín, fiel escudero,
sirvo y cuido con esmero,
las malas lenguas acallo.



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