Recuerdo bien esa hora,
recuerdo bien ese día
cuando llamas, cuando imploras
por el ser que más quería.
¡Qué incrédulo que fui!
La noticia me dolía.
Confirmaste mi sentir,
enterraste mi alegría.
Con el viento navegué
por la mar alborotada,
esperando no se que...,
un milagro, tu llamada.
Cuando al puerto me llevó
el velero, tras la calma,
el rescoldo sentí yo
de la lumbre que se apaga.
Desde lejos lo observé,
ya mas cerca lo tocaba.
El calor que aún noté,
como el día, terminaba.
Después vino lo peor,
los reencuentros, las palabras,
las esperas, el dolor,
los recuerdos, las nostalgias.
Y pasaron sin cesar
las secuencias de la vida,
las alegres, las demás,
una a una, muy seguidas.
Secuencias de la niñez,
estampas del día a día
que se agolpan por doquier
inundando mi agonía.
También vinieron a mi
sensaciones ya dormidas
que me hacen ser feliz
aun teniendo el alma herida.
Aunque el tiempo ya pasó,
aunque él todo lo calma,
los momentos del adiós
me llenan de pena el alma.
recuerdo bien ese día
cuando llamas, cuando imploras
por el ser que más quería.
¡Qué incrédulo que fui!
La noticia me dolía.
Confirmaste mi sentir,
enterraste mi alegría.
Con el viento navegué
por la mar alborotada,
esperando no se que...,
un milagro, tu llamada.
Cuando al puerto me llevó
el velero, tras la calma,
el rescoldo sentí yo
de la lumbre que se apaga.
Desde lejos lo observé,
ya mas cerca lo tocaba.
El calor que aún noté,
como el día, terminaba.
Después vino lo peor,
los reencuentros, las palabras,
las esperas, el dolor,
los recuerdos, las nostalgias.
Y pasaron sin cesar
las secuencias de la vida,
las alegres, las demás,
una a una, muy seguidas.
Secuencias de la niñez,
estampas del día a día
que se agolpan por doquier
inundando mi agonía.
También vinieron a mi
sensaciones ya dormidas
que me hacen ser feliz
aun teniendo el alma herida.
Aunque el tiempo ya pasó,
aunque él todo lo calma,
los momentos del adiós
me llenan de pena el alma.
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